Neurociencia y cognición

¿Por qué olvidamos? Así funciona el olvido en el cerebro

¿Por qué olvidamos? Así funciona el olvido en el cerebro

Olvidar forma parte de nuestra vida cotidiana. Olvidamos dónde hemos dejado las llaves, el nombre de alguien que acabamos de conocer o lo que estudiamos hace unas semanas. A veces incluso tenemos la sensación de que lo tenemos en la punta de la lengua, pero no conseguimos recuperarla en el momento en que la necesitamos.

Podría parecer que olvidar es simplemente perder información, pero la memoria humana es bastante más compleja. No todos los olvidos tienen el mismo origen y, en algunos casos, olvidar no significa que un recuerdo haya desaparecido por completo. La atención, la interferencia entre recuerdos, la recuperación de información y el sueño participan en lo que conseguimos recordar y en lo que termina siendo más difícil de hacer volver.

¿Olvidar es lo mismo que borrar un recuerdo?

Durante mucho tiempo se ha utilizado la idea de que los recuerdos se van debilitando con el paso del tiempo, como si fueran archivos que poco a poco desaparecen. Sin embargo, la investigación sobre la memoria muestra que el olvido puede producirse por diferentes mecanismos.

Uno de ellos es la interferencia. Cuando aprendemos información nueva, esta puede competir con información que ya teníamos almacenada. Por ejemplo, después de cambiar varias veces una contraseña, podemos recordar perfectamente una de ellas pero tener dificultades para identificar cuál es la actual. No necesariamente hemos perdido todas las demás. Simplemente existen varias representaciones que compiten entre sí.

La investigación considera la interferencia uno de los mecanismos importantes del olvido, junto con procesos más activos relacionados con la inhibición y el control de la recuperación.

¿Cómo se explica el "lo sé, pero no logro decirlo"?

Una de las experiencias más curiosas de la memoria es tener una palabra “en la punta de la lengua”. Sabemos que conocemos el nombre, podemos reconocerlo cuando alguien nos lo dice e incluso podemos recordar detalles relacionados, pero durante unos segundos somos incapaces de producirlo.

Un recuerdo puede seguir siendo accesible aunque en un momento concreto no encontremos la ruta adecuada para recuperarlo. Las pistas disponibles, el contexto y otros recuerdos relacionados pueden facilitar o dificultar esa recuperación.

Además, recuperar información también puede modificar posteriormente qué otros recuerdos conseguimos recuperar. Algunos experimentos han encontrado que practicar repetidamente determinados recuerdos puede dificultar temporalmente el acceso a otros recuerdos relacionados, un fenómeno conocido como retrieval-induced forgetting.

¿El tiempo juega un papel clave en la memoria?

Aprender algo no significa que la memoria quede inmediatamente establecida a largo plazo. Después de adquirir nueva información se producen procesos de consolidación que contribuyen a estabilizar e integrar esos recuerdos. Esto está muy ligado con el sueño. Durante el sueño, el cerebro no se limita a estar “apagado”. Diferentes patrones de actividad neuronal participan en el procesamiento de información previamente aprendida. La investigación actual considera que el sueño contribuye a la consolidación de determinados tipos de memoria mediante la interacción entre estructuras como el hipocampo y la corteza cerebral.

Esto también ayuda a explicar por qué dormir poco puede afectar al aprendizaje. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024, que reunió 39 estudios y más de 1.200 participantes, encontró que restringir el sueño a entre 3 y 6,5 horas perjudicaba la formación de recuerdos en comparación con dormir entre 7 y 11 horas.

Dormir forma parte de los procesos que permiten que determinadas experiencias se conviertan en recuerdos más estables.

¿Y si olvidar también tuviera una función?

Olvidar suele considerarse un problema, pero conservar absolutamente toda la información tampoco sería necesariamente útil.

Nuestro cerebro recibe constantemente estímulos, datos y experiencias. Si cada detalle tuviera exactamente el mismo nivel de accesibilidad, recuperar la información relevante podría resultar mucho más difícil. Desde esta perspectiva, el olvido puede contribuir a que algunos recuerdos pierdan accesibilidad mientras otros permanecen disponibles.

La investigación contemporánea distingue incluso entre formas intencionales y no intencionales de olvido. En determinadas circunstancias podemos intentar dejar de recuperar una información, mientras que en otras el olvido aparece sin que lo busquemos, por interferencia o por otros procesos relacionados con la memoria.

Esto no significa que el cerebro tenga un botón para borrar recuerdos a voluntad. El olvido es un fenómeno mucho más limitado y complejo. De hecho, una revisión y metaanálisis publicada en 2026 encontró evidencia de que intentar suprimir la recuperación de determinados recuerdos puede reducir posteriormente su accesibilidad, aunque el efecto depende de las condiciones experimentales y existe una variabilidad considerable entre estudios.

Recordar también es una cuestión de práctica

La memoria no depende únicamente de cuántas veces hemos visto una información. También importa cómo interactuamos con ella. Intentar recuperar activamente un dato, en lugar de limitarse a volver a leerlo, obliga al cerebro a reconstruir la información. Del mismo modo, volver sobre un contenido después de un intervalo de tiempo puede resultar diferente de concentrar todas las repeticiones en una única sesión.

Por eso, cuando estudiamos algo, no siempre es necesario preguntarnos únicamente “¿cuántas veces lo he leído?”. Una pregunta más interesante puede ser: “¿puedo recuperarlo sin mirar?” La diferencia parece pequeña, pero cambia la actividad cognitiva implicada. En lugar de reconocer una información que tenemos delante, tenemos que buscarla y reconstruirla a partir de las pistas disponibles.

Entonces, ¿por qué olvidamos?

Podemos olvidar porque una información nueva interfiere con otra anterior, porque en ese momento no encontramos las pistas adecuadas para recuperarla, porque determinados recuerdos compiten entre sí o porque los procesos de consolidación no han tenido las condiciones necesarias para estabilizar correctamente lo aprendido.

El sueño también desempeña un papel importante, especialmente en determinados tipos de memoria, mientras que la recuperación repetida puede modificar posteriormente la accesibilidad de otros recuerdos relacionados.

En definitiva, olvidar no es simplemente que el cerebro deje de guardar información. La memoria es un sistema dinámico en el que aprender, almacenar, recuperar, consolidar y olvidar están estrechamente relacionados.

Bibliografía

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