Neurociencia y cognición

Neuromito: ¿El cerebro adulto deja de cambiar?

Neuromito: ¿El cerebro adulto deja de cambiar?

Durante mucho tiempo se pensó que el cerebro era algo parecido a una máquina que terminaba de construirse en la juventud. Una vez alcanzada la edad adulta, sus estructuras permanecerían prácticamente fijas y nuestra capacidad para aprender cosas nuevas disminuiría inevitablemente.Hoy sabemos que esta visión es demasiado simple.

El cerebro adulto sigue cambiando a lo largo de toda la vida. Cada vez que aprendemos una habilidad, adquirimos conocimientos o nos adaptamos a una nueva experiencia, nuestro sistema nervioso puede modificar la forma en que sus neuronas se conectan y trabajan.

Este fenómeno se conoce como neuroplasticidad y es una de las características más fascinantes del cerebro humano.

Pero ¿Qué significa realmente que el cerebro sea plástico? ¿Podemos cambiar nuestro cerebro mediante el entrenamiento? ¿Y hasta qué punto la edad limita nuestra capacidad para aprender?

¿Qué es exactamente la neuroplasticidad?

La neuroplasticidad es la capacidad del sistema nervioso para modificar su estructura, funcionamiento y conexiones como consecuencia de la experiencia.

No se trata de que el cerebro se reconstruya por completo cada vez que aprendemos algo. Los cambios pueden producirse a diferentes escalas:

  • A nivel de las conexiones neuronales: las sinapsis pueden fortalecerse, debilitarse, aparecer o desaparecer.
  • A nivel de los circuitos: diferentes grupos de neuronas pueden modificar la forma en que se comunican.
  • A nivel estructural: el aprendizaje puede asociarse a cambios observables en determinadas regiones de la materia gris y blanca.
  • A nivel funcional: una misma tarea puede llegar a realizarse de manera diferente a medida que adquirimos experiencia.

La investigación experimental ha demostrado que incluso en el cerebro adulto existe una actividad constante de remodelación de las conexiones neuronales.

En otras palabras, nuestro cerebro no deja de aprender porque hayamos llegado a la edad adulta.

Aprender cambia el cerebro

Cada vez que aprendemos algo nuevo, nuestro cerebro necesita adaptarse.

Imagina que empiezas a aprender un idioma. Al principio, reconocer palabras, recordar vocabulario o construir frases requiere bastante esfuerzo. Con la práctica, algunas de estas operaciones se vuelven más rápidas y automáticas.

Algo similar ocurre cuando aprendemos a tocar un instrumento, practicamos un deporte o desarrollamos una nueva habilidad.

Los estudios de neuroimagen han encontrado cambios asociados al aprendizaje tanto en la materia gris como en la materia blanca.

Esto no significa que cada sesión de entrenamiento produzca una transformación visible en un escáner cerebral. La plasticidad es un proceso gradual y depende de factores como la intensidad de la práctica, la repetición, la dificultad de la tarea y las características individuales.

Pero la idea fundamental sí está bien respaldada: La experiencia puede modificar el cerebro adulto.

¿Qué ocurre con las conexiones entre neuronas?

Una de las formas más importantes de plasticidad se produce en las sinapsis, los puntos de comunicación entre las neuronas.

Cuando practicamos una habilidad o aprendemos información nueva, determinadas conexiones pueden fortalecerse. Otras pueden debilitarse. También pueden producirse modificaciones en estructuras microscópicas asociadas a estas conexiones, como las espinas dendríticas.

Este proceso permite que las redes neuronales se adapten a las demandas del entorno.

Podemos imaginarlo como una enorme red de caminos:

  • Algunas rutas se utilizan con frecuencia y se vuelven más eficientes.
  • Otras se utilizan menos y pueden perder relevancia.
  • Algunas conexiones nuevas pueden incorporarse a la red.
  • La experiencia determina, en parte, qué caminos se refuerzan.

Por eso, practicar una habilidad no solo significa repetir una conducta: también proporciona al cerebro información sobre qué conexiones y circuitos necesita optimizar.

¿La edad acaba con nuestra capacidad de aprender?

No. Pero sí cambia algunas condiciones.

El cerebro infantil y adolescente presenta una elevada capacidad de plasticidad, especialmente durante determinados periodos del desarrollo. A medida que envejecemos, algunos mecanismos de plasticidad se vuelven menos flexibles y determinadas funciones cognitivas pueden experimentar cambios relacionados con la edad.

Eso no significa que el cerebro adulto deje de cambiar.

De hecho, investigaciones sobre aprendizaje y entrenamiento cognitivo han encontrado evidencias de plasticidad incluso en personas mayores. Una revisión sistemática sobre entrenamiento de funciones ejecutivas en adultos mayores encontró mejoras en las tareas entrenadas y evidencias de cambios estructurales asociados al entrenamiento en algunos estudios.

La conclusión es importante:

El cerebro envejece, pero envejecer no significa perder la capacidad de aprender.

¿Podemos crear nuevas neuronas?

Aquí aparece una cuestión especialmente interesante: la neurogénesis, es decir, la generación de nuevas neuronas.

Durante décadas se pensó que el cerebro adulto prácticamente no podía producir neuronas nuevas. Posteriormente, diferentes investigaciones encontraron evidencias de neurogénesis adulta en determinadas especies y regiones cerebrales. En humanos, sin embargo, la cuestión es mucho más controvertida.

Algunos estudios han encontrado indicios compatibles con la existencia de nuevas neuronas en el hipocampo adulto, mientras que otras investigaciones no han encontrado evidencias claras de neurogénesis adulta en humanos.

Por eso, actualmente no conviene presentar la neurogénesis humana como un hecho completamente establecido.

Además, no necesitamos que nazcan nuevas neuronas para que el cerebro sea plástico. Los cambios en las conexiones entre neuronas, la reorganización de circuitos y otras modificaciones funcionales proporcionan mecanismos fundamentales para el aprendizaje y la adaptación..

Plasticidad no significa que todo sea posible

Decir que el cerebro es plástico no significa que podamos transformarlo ilimitadamente. La neuroplasticidad tiene límites biológicos y cambia con la edad, la genética, la salud, el entorno y las características de cada persona. Además, no todos los cambios producidos por la experiencia son necesariamente beneficiosos.

El cerebro puede adaptarse a una habilidad útil, pero también puede desarrollar patrones poco deseables cuando determinadas experiencias se repiten de manera constante.

Por eso, la frase "el cerebro puede cambiar" no debería convertirse en una nueva promesa milagrosa.

La neuroplasticidad significa que tenemos capacidad de adaptación, no que podamos conseguir cualquier resultado mediante cualquier tipo de entrenamiento.

¿Puede el ejercicio físico cambiar nuestro cerebro?

La plasticidad cerebral no depende únicamente de actividades intelectuales.

El ejercicio físico también se ha relacionado con cambios en diferentes procesos relacionados con la salud cerebral y la neuroplasticidad. Revisiones sistemáticas han encontrado asociaciones entre actividad física, factores neurotróficos y mejoras en determinadas medidas de función cognitiva.

Esto ayuda a entender por qué cuidar el cerebro no consiste únicamente en resolver problemas matemáticos o hacer ejercicios de memoria.

Un estilo de vida saludable puede proporcionar un entorno más favorable para mantener la función cerebral a lo largo del tiempo.

Entre los hábitos que cuentan con mayor respaldo se encuentran:

  • Realizar actividad física de manera regular.
  • Dormir adecuadamente.
  • Mantener una alimentación equilibrada.
  • Aprender y practicar habilidades nuevas.
  • Mantener una vida social y mentalmente activa.
  • Controlar factores de riesgo que afectan a la salud cardiovascular y cerebral.

La plasticidad no es un botón que podamos activar. Es una propiedad del cerebro que se ve influida por nuestro comportamiento y nuestro entorno.

¿Y qué papel tiene el entrenamiento cognitivo?

Si aprender cambia el cerebro, resulta lógico preguntarse si podemos utilizar ejercicios cognitivos para estimular determinados procesos.

Los estudios muestran que el entrenamiento cognitivo puede mejorar el rendimiento en las tareas que se practican y que, en determinadas circunstancias, también pueden observarse cambios en otras medidas cognitivas o cerebrales.

Sin embargo, no significa que practicar un minijuego vaya a aumentar automáticamente nuestra inteligencia general o mejorar todas nuestras capacidades cognitivas.

Uno de los grandes retos de la investigación es precisamente el llamado transfer: determinar hasta qué punto las mejoras obtenidas en una tarea se trasladan a habilidades diferentes.

Por eso, un buen entrenamiento cognitivo debería plantearse como una oportunidad para practicar habilidades específicas y mantener una actividad mental exigente, no como una fórmula mágica para transformar completamente el cerebro.

La ventaja de utilizar minijuegos es que pueden hacer que la práctica sea más entretenida, accesible y constante. Y la constancia es especialmente importante cuando hablamos de aprendizaje.

La plasticidad necesita experiencia

Para que una habilidad se desarrolle, el cerebro necesita recibir información y enfrentarse a experiencias que le exijan adaptarse. Por eso, si queremos aprovechar nuestra capacidad de aprendizaje, puede ser útil buscar actividades que nos obliguen a:

  • Resolver problemas nuevos.
  • Recordar información.
  • Mantener la atención.
  • Cambiar de estrategia cuando una no funciona.
  • Aprender habilidades que no dominamos.
  • Practicar de forma regular.

No es necesario convertir cada día en un entrenamiento cerebral intensivo.

De hecho, una combinación de aprendizaje, actividad física, descanso y experiencias variadas probablemente sea una estrategia mucho más razonable que buscar un único ejercicio capaz de mejorar todas nuestras capacidades.

El cerebro también cambia cuando descansamos

La plasticidad no se limita al momento en que estamos practicando. El descanso, especialmente el sueño, desempeña un papel importante en la consolidación de determinados aprendizajes y recuerdos. Durante el sueño se producen procesos que ayudan a estabilizar y reorganizar información adquirida durante la vigilia.

Esto significa que aprender y descansar forman parte del mismo proceso. Podemos entrenar durante el día, pero nuestro cerebro necesita tiempo para procesar lo que hemos aprendido.

Por eso, dormir adecuadamente no es lo contrario de entrenar. Es una parte fundamental de cómo el cerebro se recupera y consolida determinados aprendizajes.

¿Qué podemos aprender de la neuroplasticidad?

La principal lección de la neuroplasticidad no es que podamos convertirnos en cualquier cosa.

Es algo más realista y, probablemente, más útil:

Nuestro cerebro conserva capacidad de adaptación durante toda la vida.

La edad puede influir en la velocidad y facilidad con la que aprendemos, pero no establece una frontera absoluta a partir de la cual el cerebro deje de cambiar.

Podemos seguir adquiriendo conocimientos, desarrollar habilidades y modificar nuestros patrones de comportamiento y cada experiencia proporciona al cerebro información sobre cómo adaptarse a nuestro entorno.

Conclusión

Durante mucho tiempo imaginamos el cerebro adulto como una estructura terminada e inmutable. La neurociencia actual ofrece una imagen muy diferente. El cerebro adulto continúa cambiando. Sus conexiones pueden fortalecerse o debilitarse, sus redes pueden reorganizarse y el aprendizaje puede producir cambios funcionales y estructurales [1][2].

Eso no significa que tengamos capacidades ilimitadas ni que cualquier método de entrenamiento vaya a producir grandes transformaciones. La plasticidad depende de muchos factores y sus efectos pueden ser específicos y graduales. Pero sí significa algo importante: llegar a la edad adulta no significa dejar de aprender.

Cada vez que practicamos una habilidad, aprendemos algo nuevo o nos enfrentamos a un reto diferente, estamos proporcionando a nuestro cerebro una oportunidad para adaptarse.

No podemos detener el paso del tiempo. Pero sí podemos seguir utilizando una de las propiedades más extraordinarias de nuestro cerebro: su capacidad para cambiar con la experiencia.

Bibliografía

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[8] Revelo Herrera, S. G., & Leon-Rojas, J. E. (2024). The Effect of Aerobic Exercise in Neuroplasticity, Learning, and Cognition: A Systematic Review. Cureus, 16(2), e54021. https://doi.org/10.7759/cureus.54021

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