Neurociencia y cognición

Neuromito: ¿Usamos solo el 10 % de nuestro cerebro?

Red neuronal de un cerebro humano iluminado y en plena actividad, demostrando que usamos el 100% de nuestra capacidad cerebral.

¿Y si solo estuviéramos aprovechando una pequeña parte de nuestro cerebro? La idea resulta tentadora. Quizá tengamos un 90 % de nuestra capacidad mental esperando a ser desbloqueada y, con el entrenamiento adecuado, podríamos convertirnos en personas mucho más inteligentes, creativas o capaces.

Esta creencia ha aparecido durante décadas en libros de autoayuda, publicidad, películas y otros productos de cultura popular. El problema es que no existe una base científica que respalde la idea de que utilizamos únicamente el 10 % de nuestro cerebro.

La realidad es mucho más interesante. Nuestro cerebro es una red extraordinariamente compleja en la que diferentes regiones trabajan de manera coordinada, y su actividad cambia continuamente según lo que hacemos, pensamos, sentimos o percibimos.

Entonces, ¿de dónde salió el famoso 10 %? ¿Y qué nos dice realmente la neurociencia?

¿De dónde viene el mito del 10 %?

El origen exacto de esta creencia no está completamente claro. Una de las posibles raíces se encuentra en los escritos del psicólogo estadounidense William James.

A comienzos del siglo XX, James hablaba de que las personas utilizamos solo una parte de nuestros recursos mentales y físicos potenciales. Sin embargo, sus afirmaciones se referían al potencial humano, no a que una determinada cantidad de tejido cerebral permaneciera inutilizada. De hecho, no existe evidencia de que James afirmara que utilizamos exactamente el 10 % del cerebro.

Con el paso del tiempo, esa idea sobre el potencial humano fue transformándose. En 1936, el periodista Lowell Thomas atribuyó a William James la afirmación de que una persona media desarrollaba solo el 10 % de su capacidad mental en el prólogo del libro How to Win Friends and Influence People, de Dale Carnegie. Esta asociación contribuyó a popularizar la cifra.

A partir de ahí, la idea fue incorporándose a la cultura popular y terminó transformándose en el mito que conocemos hoy: solo usamos el 10 % de nuestro cerebro y tenemos un 90 % de capacidad sin utilizar.

No es una conclusión científica. Es una simplificación que se fue repitiendo hasta convertirse en un supuesto hecho.

Entonces, ¿utilizamos todo el cerebro?

La respuesta corta es sí, utilizamos todo nuestro cerebro, aunque no todas sus regiones están igualmente activas al mismo tiempo.

Esto es importante porque "utilizar el cerebro" no significa que todas las neuronas tengan que estar disparando simultáneamente. De hecho, una actividad neuronal masiva y sincronizada sería algo muy diferente de un funcionamiento cerebral normal.

El cerebro funciona mediante redes que se activan y se coordinan dependiendo de la tarea. Cuando leemos, hablamos, caminamos, recordamos algo o resolvemos un problema, distintas áreas y circuitos participan en proporciones diferentes.

Por tanto, una afirmación más precisa sería:

No utilizamos todo el cerebro al mismo tiempo, pero no existe un 90 % del cerebro que permanezca permanentemente sin utilizar.

Las técnicas de neuroimagen, junto con los estudios de lesiones cerebrales y la investigación neurofisiológica, han aportado numerosas evidencias incompatibles con la idea de que la mayor parte del cerebro sea funcionalmente inútil.

El cerebro consume mucha energía

Hay otra razón para desconfiar del mito: el cerebro es un órgano extraordinariamente caro de mantener.

Aunque representa aproximadamente el 2 % del peso corporal de un adulto, consume alrededor del 20 % de la energía utilizada por el organismo en reposo.

Además, una parte importante de este gasto energético se produce incluso cuando no estamos realizando una tarea concreta. El cerebro mantiene continuamente actividad relacionada con la comunicación entre neuronas, el mantenimiento de gradientes iónicos, el procesamiento de información y otras funciones necesarias para mantener sus redes operativas.

Esto no demuestra por sí solo que cada neurona sea imprescindible, pero sí contradice la imagen de un cerebro en el que el 90 % de su estructura permanece inactivo.

El cerebro no funciona como una máquina con un gran botón de "potencia máxima" que podamos activar para encender el 90 % restante. Su funcionamiento depende de una actividad distribuida, dinámica y especializada.

¿Qué nos enseñan las lesiones cerebrales?

Los estudios de personas con lesiones cerebrales proporcionan otra pieza importante de evidencia. El cerebro contiene muchas regiones especializadas y numerosas redes interconectadas. Cuando una lesión afecta a determinadas zonas, puede producir alteraciones en funciones como el movimiento, el lenguaje, la memoria, la percepción o la planificación.

Pero hay una precisión importante: no todas las lesiones provocan necesariamente un déficit evidente.

El cerebro tiene cierto grado de redundancia funcional y puede reorganizar parcialmente sus conexiones después de una lesión. Este fenómeno, conocido como plasticidad cerebral o neuroplasticidad, explica por qué algunas personas pueden recuperar determinadas capacidades después de un daño cerebral.

Por tanto, el argumento correcto no es que cualquier pequeña lesión provoque inevitablemente una consecuencia visible. Lo que muestran los estudios clínicos es que las distintas regiones y redes cerebrales cumplen funciones relevantes y que no existe un enorme "90 % inútil" que podamos eliminar sin consecuencias.

¿Y qué dicen las técnicas de neuroimagen?

La neuroimagen moderna ha permitido observar el cerebro humano mientras realiza diferentes tareas. Técnicas como la resonancia magnética funcional (fMRI) y la tomografía por emisión de positrones (PET) permiten estudiar cambios relacionados con la actividad cerebral.

Estas técnicas muestran que la actividad cerebral está ampliamente distribuida y que incluso durante el reposo existe una actividad cerebral significativa. De hecho, el llamado resting state o estado de reposo ha revelado redes cerebrales que mantienen una actividad organizada incluso cuando no estamos realizando una tarea concreta.

Esto no significa que todas las áreas estén activas al mismo nivel en todo momento. Significa algo mucho más interesante: el cerebro nunca se limita a encender un pequeño grupo de regiones mientras mantiene el resto completamente apagado.

Incluso cuando descansamos, nuestro cerebro continúa procesando información y manteniendo redes funcionales.

¿Por qué seguimos creyendo en el 10 %?

Los neuromitos suelen sobrevivir porque combinan una idea sencilla con una promesa atractiva.

En este caso, el mensaje es especialmente poderoso: si ahora solo utilizas el 10 %, imagina todo lo que podrías conseguir si desbloquearas el 90 % restante.

La cultura popular ha explotado esta idea durante décadas. Películas y novelas han utilizado el supuesto "90 % oculto" como explicación para adquirir capacidades extraordinarias, desde una inteligencia sobrehumana hasta habilidades prácticamente sobrenaturales.

El mito también encaja muy bien con determinados mensajes de superación personal: si existe una enorme reserva cerebral sin utilizar, parece lógico pensar que un curso, suplemento, técnica o entrenamiento podría permitirnos acceder a ella.

Pero mejorar nuestras capacidades cognitivas no consiste en activar un cerebro dormido.

La mejora real depende de procesos mucho más interesantes: aprendizaje, práctica, adaptación, atención, memoria y plasticidad cerebral.

Otros neuromitos que conviene conocer

El mito del 10 % no está solo. Existen otras creencias populares sobre el cerebro y el aprendizaje que también necesitan ser matizadas.

¿Somos personas "visuales", "auditivas" o "kinestésicas"?

La idea de los llamados estilos de aprendizaje sostiene que algunas personas aprenden principalmente de manera visual, otras de forma auditiva y otras mediante la experiencia corporal. Podemos tener preferencias sobre cómo nos gusta recibir información, pero eso no significa que adaptar sistemáticamente la enseñanza a un supuesto estilo individual mejore el aprendizaje.

Una revisión clásica de la literatura encontró que no había evidencia suficiente para respaldar la llamada hipótesis del ajuste: la idea de que una persona aprenderá mejor si la enseñanza se adapta a su supuesto estilo de aprendizaje [8].

Esto no significa que utilizar imágenes, explicaciones verbales o experiencias prácticas no sea útil. Significa que no tenemos buenas razones para clasificar a cada persona en un único estilo y enseñar exclusivamente de esa manera.

¿El cerebro adulto deja de cambiar?

Durante mucho tiempo se extendió la idea de que el cerebro adulto era prácticamente inmutable. Hoy sabemos que esto es falso.

La plasticidad cerebral permite que las conexiones entre neuronas cambien como consecuencia del aprendizaje, la experiencia y otros factores.

La cuestión de si los seres humanos adultos generan nuevas neuronas en determinadas regiones, como el hipocampo, es más compleja. Aunque existen investigaciones que apoyan la neurogénesis adulta, otros estudios no han encontrado evidencias claras y el tema continúa siendo objeto de debate [9][10].

Por eso, no es necesario recurrir a la neurogénesis para explicar nuestra capacidad de aprender: la plasticidad de las conexiones neuronales proporciona una base fundamental para la adaptación y el aprendizaje a lo largo de la vida.

¿Tenemos un cerebro "lógico" y otro "creativo"?

Otro neuromito muy extendido divide a las personas entre aquellas que utilizan principalmente el hemisferio izquierdo —supuestamente lógico y analítico— y aquellas que utilizan más el derecho —supuestamente creativo e intuitivo—.La realidad es bastante más compleja.

Existen funciones que muestran cierta lateralización y algunas capacidades están más asociadas a un hemisferio que al otro. Pero las actividades cognitivas complejas requieren normalmente la interacción de múltiples redes y regiones cerebrales.

La investigación actual muestra que los dos hemisferios pueden trabajar de manera independiente en determinadas circunstancias, pero también mantienen interacciones fundamentales para comportamientos y procesos cognitivos complejos [11].

No somos, por tanto, personas de "hemisferio izquierdo" o de "hemisferio derecho".

¿Podemos mejorar nuestras capacidades cognitivas?

Aquí es donde desmontar el mito del 10 % se vuelve especialmente interesante.

No necesitamos un 90 % del cerebro "oculto" para mejorar. Nuestro cerebro ya tiene una enorme capacidad de adaptación.

Aprender una habilidad, adquirir conocimientos o practicar una tarea de manera continuada puede modificar las conexiones y los circuitos implicados en su realización.

Por eso, el entrenamiento cognitivo tiene más sentido cuando se plantea como una oportunidad para practicar habilidades, mantener la atención y enfrentarnos a retos que exijan esfuerzo mental, en lugar de como una forma de desbloquear una supuesta reserva cerebral secreta.

Los minijuegos pueden convertirse en una forma entretenida de introducir retos y mantener la constancia. La clave no está en "activar el 90 % restante", sino en utilizar de manera activa y repetida las capacidades que ya tenemos y seguir aprendiendo.

La verdadera forma de cuidar nuestro cerebro

Desmontar el mito del 10 % no significa decir que nuestro cerebro sea perfecto ni que no podamos mejorar.

Todo lo contrario.

Significa reconocer que la capacidad de aprendizaje del cerebro es mucho más interesante que la idea de un 90 % oculto.

La evidencia científica apunta hacia un cerebro dinámico, plástico y organizado en redes que cambian constantemente en función de nuestras experiencias.

Por eso, en lugar de buscar métodos milagrosos para "desbloquear" zonas dormidas, tiene mucho más sentido centrarnos en hábitos y actividades que favorezcan un funcionamiento cerebral saludable:

  • Dormir adecuadamente y mantener horarios de descanso regulares.
  • Realizar actividad física de manera habitual.
  • Mantener una alimentación equilibrada.
  • Aprender cosas nuevas y enfrentarnos a retos intelectuales.
  • Mantenernos mentalmente activos mediante actividades que requieran atención, memoria y razonamiento.
  • Gestionar el estrés y cuidar nuestra salud mental.

Conclusión: no necesitamos desbloquear el 90 %

El mito del 10 % resulta atractivo porque nos promete que existe una enorme reserva de capacidades esperando a ser liberada.

No tenemos un 90 % del cerebro dormido esperando ser activado. Utilizamos diferentes regiones y redes cerebrales de forma dinámica, dependiendo de lo que hacemos, y el cerebro mantiene una actividad significativa incluso cuando descansamos [1][4][7].

Tampoco necesitamos superpoderes para mejorar nuestras capacidades cognitivas. El verdadero potencial del cerebro está en su capacidad para aprender, adaptarse y cambiar con la experiencia.

Así que la próxima vez que alguien diga que solo utilizamos el 10 % de nuestro cerebro, puedes responderle algo sencillo:

No nos queda un 90 % por desbloquear. Nos queda muchísimo por aprender.

Bibliografía

[1] Nature Neuroscience (2003). Brain myths. Nature Neuroscience, 6, 99. doi:10.1038/nn0203-99

[2] Beyerstein, B. L. (2004). Do we really use only 10 percent of our brains? Scientific American.

[3] Beyerstein, B. L. (1999). Whence cometh the myth that we only use ten percent of our brains? En S. Della Sala (Ed.), Mind Myths: Exploring Everyday Mysteries of the Mind and Brain. Wiley.

[4] Raichle, M. E. (2006). The brain's dark energy. Science, 314(5803), 1249–1250. doi:10.1126/science.1134402

[5] Clark, D. D., & Sokoloff, L. (1999). Circulation and energy metabolism of the brain. En G. J. Siegel et al. (Eds.), Basic Neurochemistry: Molecular, Cellular and Medical Aspects. Lippincott-Raven.

[6] Attwell, D., & Laughlin, S. B. (2001). An energy budget for signaling in the grey matter of the brain. Journal of Cerebral Blood Flow & Metabolism, 21(10), 1133–1145. doi:10.1097/00004647-200110000-00001

[7] Raichle, M. E., MacLeod, A. M., Snyder, A. Z., Powers, W. J., Gusnard, D. A., & Shulman, G. L. (2001). A default mode of brain function. Proceedings of the National Academy of Sciences, 98(2), 676–682. doi:10.1073/pnas.98.2.676

[8] Pashler, H., McDaniel, M., Rohrer, D., & Bjork, R. (2008). Learning styles: Concepts and evidence. Psychological Science in the Public Interest, 9(3), 105–119. doi:10.1111/j.1539-6053.2009.01038.x

[9] Spalding, K. L., et al. (2013). Dynamics of hippocampal neurogenesis in adult humans. Cell, 153(6), 1219–1227. doi:10.1016/j.cell.2013.05.002

[10] Franjic, D., et al. (2022). Molecular diversity of the adult human hippocampus. Nature Neuroscience, 25, 1660–1670. doi:10.1038/s41593-022-01140-1

[11] Brincat, S. L., & Miller, E. K. (2025). Cognitive independence and interactions between cerebral hemispheres. Neuropsychologia, 109153. doi:10.1016/j.neuropsychologia.2025.109153