Salud y bienestar

¿Qué le pasa al cuerpo cuando dormimos poco?

¿Qué le pasa al cuerpo cuando dormimos poco?

Dormir parece una actividad pasiva. Durante unas horas cerramos los ojos, dejamos de hacer cosas y esperamos a que llegue la mañana. Sin embargo, mientras dormimos el organismo continúa trabajando. El cerebro cambia su actividad, se regulan diferentes procesos fisiológicos y el cuerpo aprovecha ese periodo para recuperarse.

Por eso, dormir no consiste simplemente en acumular horas de descanso. La cantidad y la calidad del sueño influyen en cómo pensamos, cómo nos sentimos y cómo funciona nuestro organismo durante el día. Cuando dormimos poco de forma puntual podemos notar cansancio, irritabilidad o dificultades para concentrarnos. Si la falta de sueño se convierte en algo habitual, sus efectos pueden ser más amplios.

¿Cuánto necesitamos dormir?

Las necesidades de sueño cambian a lo largo de la vida y también existen diferencias individuales. En los adultos, las recomendaciones generales sitúan el sueño habitual en torno a 7 o más horas por noche, aunque la cantidad necesaria puede variar entre personas.

No se trata únicamente de alcanzar una cifra concreta cada noche. También importan la regularidad de los horarios, la continuidad del sueño y si este permite mantener un buen funcionamiento durante el día.

Dormir seis horas una noche aislada no significa necesariamente que exista un problema. La preocupación aparece cuando dormir menos de lo necesario se convierte en un patrón frecuente o cuando el sueño deja de ser reparador.

El cerebro también necesita dormir

Uno de los motivos por los que el sueño resulta tan importante es que el cerebro no deja de funcionar mientras dormimos. Durante la noche se suceden diferentes fases del sueño, cada una con patrones característicos de actividad cerebral.

El sueño participa en procesos relacionados con la memoria y el aprendizaje. Durante determinadas fases, la actividad cerebral contribuye a consolidar información adquirida durante el día y a integrar nuevas experiencias con conocimientos anteriores.

Esto ayuda a explicar por qué estudiar durante horas y después dormir puede ser más útil para la memoria que intentar mantener el aprendizaje a costa de reducir constantemente las horas de sueño. Dormir no sustituye al aprendizaje, pero forma parte del proceso mediante el cual determinados recuerdos se estabilizan.

¿Qué ocurre con la atención cuando dormimos poco?

Una de las consecuencias más evidentes de dormir mal aparece al día siguiente. Cuesta más mantener la atención. La falta de sueño puede afectar a la capacidad para permanecer concentrados durante periodos prolongados, reaccionar rápidamente ante determinados estímulos y mantener un rendimiento estable. En algunas situaciones también aparecen pequeños episodios de sueño involuntario, conocidos como microsueños, que pueden resultar especialmente peligrosos cuando estamos conduciendo o realizando actividades que requieren atención constante.

Además, el cansancio no siempre se percibe de manera proporcional al deterioro del rendimiento. Podemos acostumbrarnos subjetivamente a dormir poco y sentir que “funcionamos con normalidad” aunque determinadas capacidades cognitivas se hayan visto afectadas.

Dormir también afecta al estado de ánimo

El sueño y el estado emocional mantienen una relación estrecha. Después de una mala noche es habitual encontrarnos más irritables, tener menos paciencia o experimentar una mayor dificultad para gestionar determinadas situaciones. Cuando la falta de sueño se mantiene durante más tiempo, la relación entre sueño y salud mental adquiere todavía más importancia.

Esto no significa que dormir poco sea la causa única de un determinado problema emocional. La relación funciona en ambas direcciones: el estrés y las alteraciones emocionales pueden dificultar el sueño y, al mismo tiempo, dormir mal puede empeorar la regulación emocional.

Por eso, cuidar el sueño no consiste únicamente en intentar estar menos cansados. También significa proporcionar al cerebro unas condiciones adecuadas para regular emociones y responder a las demandas del día.

El cuerpo también nota la falta de sueño

Los efectos del sueño no se limitan al cerebro. Dormir de forma insuficiente constantemente se ha relacionado con alteraciones en diferentes procesos fisiológicos, incluidos aquellos relacionados con el metabolismo, el sistema cardiovascular y la regulación de determinadas funciones hormonales.

La falta crónica de sueño también se ha asociado con un mayor riesgo de diversos problemas de salud. Sin embargo, estas asociaciones deben interpretarse con cuidado. Dormir poco puede estar relacionado con otros factores de estilo de vida, horarios laborales, estrés, enfermedades o condiciones sociales.

Por eso, no sería correcto pensar que una mala noche provoca por sí sola una enfermedad. El problema está especialmente relacionado con los patrones mantenidos en el tiempo.

Dormir más no siempre significa dormir mejor

Podríamos pensar que la solución consiste simplemente en pasar más tiempo en la cama. Pero cantidad y calidad del sueño no son exactamente lo mismo.

Podemos permanecer ocho horas en la cama y despertarnos repetidamente, tardar mucho en conciliar el sueño o levantarnos con la sensación de no haber descansado. En ese caso, el tiempo total de sueño no refleja necesariamente la calidad del descanso.

También influye la regularidad. Acostarnos y levantarnos a horarios muy diferentes cada día puede dificultar la estabilidad del ciclo sueño-vigilia. Por eso, cuidar el sueño implica prestar atención tanto a cuánto dormimos como a cómo y cuándo dormimos.

¿Podemos recuperar el sueño perdido?

Después de varias noches durmiendo poco es habitual intentar compensarlo durmiendo muchas horas durante el fin de semana. Recuperar parte del descanso perdido puede ser útil, pero no convierte automáticamente en irrelevante la falta de sueño acumulada.

Además, dormir mucho un día no siempre elimina todos los efectos producidos por varios días de descanso insuficiente.

Una estrategia más sostenible consiste en intentar mantener unos horarios de sueño razonablemente regulares y evitar que la falta de descanso se convierta en la norma.

Dormir no es tiempo perdido

En una sociedad en la que muchas veces intentamos aprovechar cada minuto del día, el sueño puede parecer tiempo que podríamos dedicar a otras actividades.

Pero dormir no significa simplemente dejar de hacer cosas durante unas horas. Mientras dormimos tienen lugar procesos relacionados con la memoria, la regulación emocional y diferentes funciones fisiológicas esenciales.

Por eso, descansar adecuadamente no debería entenderse como el premio que recibimos después de haber terminado todas nuestras obligaciones. El sueño forma parte de las condiciones que necesitamos para funcionar durante el día.

Una noche ocasionalmente mala forma parte de la vida. El problema aparece cuando dormir poco deja de ser una excepción y se convierte en nuestra forma habitual de descansar.

Bibliografía

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