Neurociencia y cognición

¿Por qué nos distraemos? Así funciona la atención en el cerebro

¿Por qué nos distraemos? Así funciona la atención en el cerebro

Estás leyendo un artículo y, de repente, aparece una notificación en el móvil. No tienes intención de mirarla, pero durante un instante tu atención se desplaza hacia la pantalla. Después intentas volver al texto y descubres que has leído varias líneas sin recordar exactamente qué decían.

Distraerse parece algo sencillo, pero detrás de esta experiencia cotidiana existe un sistema cognitivo complejo. Nuestro cerebro recibe constantemente mucha más información de la que puede procesar de manera detallada. La atención permite seleccionar parte de esa información y darle prioridad, mientras que otros estímulos quedan en segundo plano. El problema es que no siempre podemos decidir qué consigue nuestra atención.

¿Cómo funciona la atención?

En cada momento estamos rodeados de estímulos. Vemos objetos, escuchamos sonidos, recibimos información del teléfono y también procesamos pensamientos y recuerdos. Sin embargo, nuestra capacidad para procesar toda esa información de manera consciente es limitada. La atención ayuda a seleccionar qué información recibe un mayor nivel de procesamiento.

Esta selección puede producirse de diferentes maneras. Podemos dirigir voluntariamente nuestra atención hacia algo porque tenemos un objetivo concreto. Por ejemplo, leer un texto, buscar una palabra o escuchar a una persona. Pero también puede ocurrir que un estímulo especialmente llamativo capture nuestra atención sin que lo hayamos decidido.

La investigación contemporánea describe esta interacción entre control voluntario, características del estímulo y experiencias anteriores como una parte fundamental del funcionamiento de la atención.

¿Por qué una notificación nos distrae tanto?

Antes de nada, no es lo mismo distraerse que olvidar. Tenemos un artículo en el que hablamos sobre los motivos por los que olvidamos. Imagina que estás trabajando y aparece una notificación en la pantalla. Tu objetivo puede seguir siendo terminar un informe, pero el sonido o el cambio visual de la pantalla introduce un estímulo que compite por tus recursos atencionales. Esto se conoce como captura atencional. Un estímulo puede recibir prioridad porque destaca respecto al resto, aunque no tenga relación con aquello que estamos intentando hacer.

No significa que nuestro cerebro sea incapaz de controlar la atención. Podemos aprender a ignorar determinados estímulos y establecer condiciones que reduzcan las distracciones. Pero el control no es absoluto.

La atención funciona mediante una competición constante entre lo que queremos procesar y aquello que consigue llamar nuestra atención.

La memoria de trabajo también entra en juego

Concentrarse no consiste únicamente en mirar hacia un lugar determinado. Cuando estamos realizando una tarea necesitamos mantener activas determinadas instrucciones, objetivos o datos.

La memoria de trabajo permite mantener información disponible durante un periodo breve y utilizarla mientras realizamos una actividad. Es necesaria, por ejemplo, para recordar una parte de una conversación mientras escuchamos la siguiente, seguir los pasos de una receta o mantener en mente una cifra mientras hacemos un cálculo.

Atención y memoria de trabajo están estrechamente relacionadas. La atención ayuda a seleccionar qué información debe recibir prioridad, mientras que la memoria de trabajo permite mantener y utilizar parte de esa información mientras seguimos realizando la tarea. Por eso, cuando una tarea exige mantener demasiada información al mismo tiempo, las distracciones pueden resultar especialmente problemáticas.

No podemos atender a todo con la misma intensidad

Una de las características más importantes de la atención es precisamente su capacidad limitada. Podemos repartir nuestra atención entre diferentes actividades, pero eso no significa que procesemos cada una de ellas con la misma profundidad.

Cuando intentamos leer un texto mientras respondemos mensajes, escuchar una reunión mientras consultamos el correo o resolver un problema mientras cambiamos constantemente de tarea, estamos obligando al sistema cognitivo a gestionar diferentes objetivos. En determinadas situaciones podemos alternar rápidamente entre tareas, pero cada cambio tiene un coste. Mantener un objetivo y protegerlo frente a interferencias requiere control cognitivo.

La investigación sobre control cognitivo distingue precisamente entre la capacidad de mantener estable el foco de una tarea y la capacidad de cambiarlo cuando las circunstancias lo requieren. Ambas son necesarias para adaptarnos a nuestro entorno.

¿Qué implica concentrarse?

Cuando pensamos en atención solemos imaginar que concentrarse consiste en prestar más atención a aquello que nos interesa. Pero existe otra parte igualmente importante: decidir qué información no necesitamos procesar.

Si estamos buscando una palabra concreta en una página llena de texto, no necesitamos analizar cada palabra con la misma profundidad. Si estamos escuchando a alguien en una cafetería, necesitamos priorizar su voz frente a otros sonidos. La atención actúa, en cierto sentido, como un mecanismo de selección. No elimina necesariamente la información irrelevante, pero puede reducir la prioridad que recibe.

Esta capacidad de seleccionar información relevante y mantenerla frente a las distracciones es una de las bases de muchas actividades cognitivas complejas.

¿Podemos entrenar la atención?

Que una actividad utilice atención no significa automáticamente que practicarla vaya a mejorar nuestra capacidad de atención en cualquier situación cotidiana. En investigación cognitiva es importante distinguir entre mejorar en una tarea concreta y producir una mejora general que se transfiera a otras actividades.

Aun así, las tareas que requieren seleccionar información, mantener un objetivo, detectar estímulos relevantes o ignorar interferencias permiten poner en juego diferentes mecanismos atencionales.

Por ejemplo, buscar rápidamente un elemento concreto entre muchos estímulos obliga a seleccionar información relevante. Resolver una tarea bajo presión requiere mantener el objetivo mientras aparecen posibles respuestas. Y cambiar una regla de actuación obliga a ajustar el foco cuando cambian las condiciones.

Son procesos diferentes, pero todos forman parte de la capacidad general de controlar dónde ponemos nuestros recursos cognitivos.

¿La atención es voluntaria?

Una de las ideas más interesantes que ha aportado la investigación es que nuestra atención no funciona como un interruptor bajo control consciente. Podemos decidir prestar atención a un libro, una conversación o un problema matemático. Sin embargo, nuestro cerebro también está preparado para detectar cambios, estímulos relevantes y acontecimientos inesperados.

Esto tiene sentido desde el punto de vista adaptativo. Si algo importante aparece de repente en nuestro entorno, sería poco útil que nuestra atención permaneciera completamente aislada de todo lo demás.

Por eso existe una tensión constante entre mantener el objetivo actual y permanecer sensibles a lo que sucede alrededor. La atención eficiente no consiste necesariamente en ignorarlo todo. Consiste en seleccionar qué merece nuestra atención en cada momento.

Entrenar la mente también es aprender a dirigir la atención

La atención está presente en prácticamente todas las actividades cognitivas que realizamos. Necesitamos atención para aprender, recordar, resolver problemas, interpretar información y tomar decisiones. Y en muchas de estas tareas no basta con encontrar la información correcta: también necesitamos mantener el objetivo mientras descartamos estímulos que compiten con él.

Esta es una de las razones por las que entrenar diferentes habilidades cognitivas puede resultar interesante. Juegos de búsqueda visual, memoria, cálculo, lógica o velocidad de respuesta pueden plantear situaciones en las que debemos seleccionar información, mantener un objetivo y responder ante estímulos que compiten entre sí.

Bibliografía

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